- Reflexión: Comienzo mi viaje a través del capítulo más difícil de redactar, la reflexión. Quizás el cuestionamiento tardío que tenemos muchos jóvenes que deseamos más de la vida, cada compatriota que ostenta el tricolor con orgullo. Mi nombre carece importancia en este punto, soy una soñadora como tú, solo diré que tengo 23 años, vengo del país donde los sueños son extensos y la alegría no requiere de motivos u ocasión. Mi Venezuela, una tierra incomparable, llena de gracia y belleza. No puedo evitar llorar al recitar el amor que inunda un alma herida. Sin lugar a duda mis orígenes son humildes, desde niña fui formada para vivir en la republica de grandes promesas. Vivo las consecuencias de decisiones distintas a mí pensar. Crecí en un hogar donde los lujos eran excasos, pero el amor era inmenso. Mi madre entregaba todas sus fuerzas día tras día para educarme y uno de sus máximas era soñar y amar la liberta...
Dirijo esta carta a ti mi hermano, quien vives momentos tan cruentas e incompresibles de nuestra historia, donde se ha hecho más difícil soportar los embates diarios de las circunstancias y los desafíos impuestos por muchos actores ajenos a tu sentir. Estos tiempos, sin duda ponen en juicio la confianza, se sembró la discordia en muchos y la distancia es latente. En esta realidad, nos cuesta pensar en el futuro, vemos hacia el pasado buscando esa imagen que nos brinde paz y sosiego, sin embargo los anhelos al pasado y cuestionamientos vagos , ciegos fueron las causas mayores de una oscuridad sinfín. Por eso te pido que no habites odio o resentimiento, al final todo se tornara contra ti, perforando tu alma y evitando que veas lo posible. Dios impondrá su justicia. Quizás lo que te pido sea difícil; considerando el ritmo del juego actual. Envian tantos mensajes que tú inconsciente no pueda procesar. Cuando en realidad existe un único pensamiento que debe hacerse eco en ...