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4700 Kilometros


-          Reflexión:
Comienzo mi viaje a través del capítulo más difícil de redactar, la reflexión. Quizás el cuestionamiento tardío que tenemos muchos jóvenes que deseamos más de la vida, cada compatriota que ostenta el tricolor con orgullo.

Mi nombre carece importancia en este punto, soy una soñadora como tú, solo diré que tengo 23 años, vengo del país donde los sueños son extensos y la alegría no requiere de motivos u ocasión. Mi Venezuela, una tierra incomparable, llena de gracia y belleza.

No puedo evitar llorar al recitar el amor que inunda un alma herida.

Sin lugar a duda mis orígenes son humildes, desde niña fui formada para vivir en la republica de grandes promesas.

Vivo las consecuencias de decisiones distintas a mí pensar. Crecí en un hogar donde los lujos eran excasos, pero el amor era inmenso.

Mi madre entregaba todas sus fuerzas día tras día para educarme y uno de sus máximas era soñar y amar la libertad, en la capacidad de crear y aportar al futuro de muchos, dejando a un lado el egoísmo, una nación, un corazón.

Con este impulso estudie las gestas libertadoras, los ideales de verdaderos hombres, quienes merecen el título de precursores del cambio, héroes de la posteridad. Ellos me enseñaron que la vida se gana, no se exige.

En estos veintitrés años, he comprendido que Venezuela se concibió entre dos visiones de una misma sociedad.

Una llena de libertades, basada en el respeto y la igualdad, no por imposición sino por esfuerzo y trabajo, y hago énfasis en el trabajo, porque cuando comparo la segunda visión carece de este poderoso verbo, “trabajar”.

La segunda es más simplista se basa en la culpa, en el resentir lo que jamás tuvimos, porque se pensó que debía otorgarse cuando en realidad debía ganarse. Se apeló a la injusticia, cuando no es más que una consecuencia de la inacción y el resentimiento de un pueblo inconsciente.

Entendí desde muy joven que el político apela a su juego, a una visión de la historia, su retrato, su marca en las paredes y en la consciencia del subyugado. Es por esta actitud mediocre que Mi Pueblo entrego su fe a un hombre de voz carismática y apariencia gentil, un líder autoproclamado de generaciones, un retrato del inconformismo social, odio disfrazado con brillo.

Es en este punto de reflexión, donde expongo mis sentimientos. Desnudo mi alma más allá del presente, cuestionando las palabras que nos dividieron en un sentido tan grotesco. Veinte años, fueron todo lo que basto para deformar a una sociedad, trastornando los valores y creando un nuevo “hombre”.

Una generación sumisa, que repite a ecos las palabras vacías de un pasado sin retorno y un mañana imposible de alcanzar sin el esfuerzo de cada uno de nosotros. Olvidaron los valores y proclamaban glorias a un individuo. Un mañana de sueños, falsos engaños.

-          Conflicto:

El punto más difícil de este viaje, es la lucha emocional, entrar en batalla con tu zona estable, tus programaciones. Enfrentar todas y cada una de tus decisiones y principalmente luchar cara a cara contra el miedo y la angustia.

Combatir con ese cruente enemigo, quien no depone sus fuerzas, siempre en la búsqueda de tu miseria, tu pesar. Se crece a la par del deseo de muchos.

Han pasado algunos meses desde que tome lápiz y papel y comencé a ordenar las ideas, plasmando entre reflexiones. Sin embargo de la noche a la mañana la valentía se esfumó y el miedo tomó su dominio, convirtiéndome en una hipócrita de los versos y frases que marcaban en mi consciencia.

Me enfrente a momentos de llanto, necesarios para drenar el dolor, no podía pensar en el futuro cargado de una nube gris, dudando antes de acertar.

No soy distinta a los demás, cometo errores constantemente; sintiendome prisionera de la calma del angustiado, como dicen en mi tierra, sin cabida a la esperanza, todo parece perdido. Deseo luchar por vivir, deseo vivir y ser feliz.

Estas palabras son parte del conflicto interior que somete mi presente y crea frenos en el futuro. A veces me siento taciturna, débil por la incapacidad de brindarle el bienestar que se merece el amor de mi vida. Siento una carga inmensa sobre mí. Es difícil continuar expresando las palabras porque se mezclan entre el llanto y el pesar.

En estos momentos, deseo poder alimentarme dignamente. Este punto de inflexión me demuestra que los errores se pagan con creces, nos arropan con un manto pesado y nos derrumban hasta hacernos perder la razón.

Sin duda, el momento crucial fue una noche junto a mi madre, sentados a la mesa. Al terminar sujeté su mano y le dije “Vieja, sabes, no puedo mentirte, me siento mal, no me alcanza el dinero, sin poder ayudarte. Quizás te parezca terrible lo que te diré, he pensado emigrar a otro país. Sabes a pesar de que me veas decidida, tengo miedo, mucho miedo, pero hay una fuerza en mí que me dice que debo hacerlo”.

Al crecer nos damos cuenta que es injusto que vivamos de esta manera sin retribuir los sacrificios de una madre que dio todo por nosotros.

Ella sutilmente acaricio mi rostro, su mirada era cálida, pero firme. Nos quedamos en silencio por unos minutos, sentí una conexión profunda, me dijo “Mija, siga adelante, usted es una mujer y su madre apoya sus decisiones, nunca olvide que la amo.

En ese momento el tiempo, el dolor, las preocupaciones pasaron a un segundo plano. Nunca me sentí tan humana, tan conectada a la realidad de una madre que ve en mi aquello que durante mucho tiempo negué, fui débil y traidora a mis ideas. Ella anhela mi futuro, llora, aunque esa decisión implique separarnos.

Esas palabras son más que suficientes para definir la vida de una pequeña niña que creció bajo el manto de una sociedad con una carga social fuerte y unos líderes débiles.

En esta reflexión, aprendí a combatir y fortalecerme hasta el punto de aceptar que existen mejores posibilidades. Sin duda dejar a mi vieja es el cierre de mi conflicto, cerrar la puerta de mi hogar y tomar entre pasos un nuevo destino.

Culmino este capítulo, con la noche de abril, esa noche fría donde a través de la mirada más profunda, grabe en mi mente la imagen de una ciudad a la cual amo profundamente. Me sumí en llanto intenso por horas, conectando con el pasado. Un punto de inflexión, conflicto y transformación sin anticiparse a las pruebas que avecinan mi camino. En estos minutos me confieso presa de la incertidumbre, pero en el fondo la esperanza me sosiega.

-          Decisión y acción:

Fue una larga noche en vela, contemplando las consecuencias y los aciertos de mi amarga y cruda decisión, en contradicciones, como un niña jugando a la duda, cubriendo las excusas que postergue por tantos meses para validar la miseria en que vivía, teniendo que asumir con dolor esta penosa decisión.

Esa maqueta de sueños, ideas simplistas de lo que sería mi recorrido.

Sin lugar a dudas, las palabras dominaban el consciente, el miedo y el temor eran mis nuevos compañeros.

Recuerdo tomar las notas que durante meses escribía, como un relato de pasos que nunca comencé a recorrer, las tire a la basura.

Dije en voz alta, “Cuantas palabras, cuanto miedo; obstáculos frente a mis sueños, es hora de dejarlos a un lado, merezco ser felices”.

Dejando a un lado ese error, como decidí llamarlo, tome un nuevo cuaderno y sin mayor rodeo me llene de coraje y escribí punto por punto las verdades, las acciones que serían reales para llegar allí, el nuevo destino.

En pocas palabras, tomé los ahorros que alcanzarían para el pasaje, aún el país no era un caso desmedido, se podía ver entre las sombras.

Comencé a ordenar la vida en una maleta, cada uno trae consigo su recuerdo, su lazo con el tiempo. Como una niña movía las piezas de mi infancia, recuerdos ocultos en el fondo de una memoria, trasladándome más allá del presente.

-          El Viaje:

Comienza el transitar definitivo, convirtiendo el sentimiento en energía potencial, disrupción de sentimientos, los temores están apartados. Un último respirar, una mirada sutil, pasos lentos, mientras el llanto circunde mi rostro. No queda espacio para arrepentimientos, aunque en el fondo el corazón está lleno de muchos.

Todos mis hermanos, mi madre, cerramos juntos este capítulo, dejando en puntos suspensivos el momento único que decidimos vivir; las preguntas del retorno están de más, no puedo medir las circunstancias.

Les confieso que solo necesito un abrazo fuerte para endurecer el espíritu, me entrego en él, anclando mis sentimientos en esa mujer que me dio la vida. Dando gracias por todo, la beso y me dirijo al terminal.

Decidimos despedirnos de esta forma fría y para algunos distantes en el lugar, en nuestros términos y me contenta haberlo hecho. Al quedarme en ese bus, esa noche despertó mi llanto con una intensidad que comprimió el alma, descargue mis sentimientos en el camino, en compañía del silencio, la ciudad se apartaba al paso del recorrido.

Tome unos minutos para orar en silencio, enciendo la luz y comienzo a escribir la bitácora consagrada a este viaje, en la cual resumí entre versos mi historia, la que cada uno vivió, escribo Tres Palabras: “Miedo, Amor, Triunfo”. El miedo siempre será una compañía pero el amor por todos quienes confían en mí, es la fuerza que me eleva más allá del pensamiento y el triunfo es la consigna de mis despertares y atardeceres.

Doy gracias y empiezo el recorrido por 4700 kilómetros, los mismos que transitaste y que se llenan del espíritu del guerrero que llevamos por dentro.

-          Paradas:

Durante nuestra vida, ese largo sendero, encontramos espacios donde podemos reencontrarnos con el sentir de la tierra, el calor, las palabras y cada uno de los elementos de la idiosincrasia del venezolano. Ese sabor que no se puede olvidar ni siquiera por un momento, tomando eso en cuenta decidí escribir en estas primeras líneas los recuerdos más agradables, dejando para el resto los detalles más fuerte, la realidad de un país convertido en ruinas.

Este capítulo se titula Paradas, porque representa los puntos donde pude ver aquel lado del país que poco a poco se fue escapando de las manos. Algunas de esas paradas se convirtieron en imágenes imborrables de mis viajes en la infancia, pero como migrante ese tono paso a ser opaco y algunos tomaron forma en fragmentos de recuerdos. Sin lugar a dudas, siento repulsión por como las circunstancias nos arrebataron esa pasión por ser únicos.

Encontrarme con el retrato del hombre convertido en bestia, en una criatura dispuesta a sobreponerse a tus sueños, arrebatar lo que tengas y seguir su camino fue uno de los momentos más complejos de este viaje. Estos puntos de ansiedad y angustia los viví en cada parada, cuando fuimos sometidos a innecesarias inspecciones en manos de los que se llaman servidores de la patria.

Que burla tener que narrar tan semejante relato, pero es la cruda realidad. Tener que presenciar cómo se vejaba con desprecio y humillación a las personas, sin dejar espacio a la intimidad, buscando dinero (dólares), como si fueramos ladrones que no tienen derecho a ver más allá de la miseria donde viven.

Cada una de esas paradas fueron una experiencia de aprendizaje y crecimiento, un enlace con las alegrías y frustraciones,  porque en cada una de ella pude conocer personas que me demostraron que tenía mucho que escuchar y aprender, porque mis razones aunque validas no eran la verdad absoluta o la versión digna de un drama, sino que es la realidad de muchos.

Escuchar a la madre que deja sus hijos a la espera de un reencuentro que no tiene fecha. Al final todos éramos dueños en ese momento de la expectativa por un mañana mejor, dignos de un capítulo en esta historia y de alguna forma sus experiencias están en mí.

Estas paradas no solo relatan lo vivido en Venezuela, expresan en palabras simples la realidad de varias fronteras.

Sin embargo no quiero extenderme y colocar un tono unísono a una historia que puede contener las anécdotas de cada uno de ustedes. Cruzar la frontera de Colombia, contemplar la realidad que no se relata totalmente en los foros, cuando te desprendes del miedo en un suelo ajeno y entre panas piensas en lo que sigue.

Mi viaje se tornó complejo, porque el dinero comenzó a escasear, así que decidí quedarme con unos amigos que llevan un año en Ecuador. La inexperiencia y las comodidades me pagaron caro. A los pocos días de llegar conseguí un empleo limpiando un edificio, mis planes eran quedarme unas semanas porque solo necesitaba 200 dólares para completar el viaje a Chile. Pero como dije al comienzo la inexperiencia y las comodidades me pagaron caro.

Me quede con mis amigos en una zona costosa y el dinero no rendía, quizás mi mente se nublo en el momento por la simpatía y la fraternidad. El tiempo paso y solo reuní menos de lo esperado; extendiendo mi estadía. El punto más complejo de todo es enfrentarte al momento donde la ignorancia pesa más que los sentimientos.

La xenofobia, un fenómeno que no de describe fácilmente y que nace de la incomprensión y la carencia humana, es una situación que manejo en privado, en los espacios donde mi mente deambula entre el presente y el pasado.

Al pasar los días se hace más complejo no pensar en las consecuencias de mi decisión. A pesar de ello, no dejare que esta idea de que el presente sea la marca del futuro, pero la distancia tiende a quebrarte superficial y profundamente.

Así como cada día tiene su noche, vino el amanecer de mi último día en Ecuador y mi viaje hacia Perú, donde cruce una frontera amplia, en la presencia de muchos compatriotas que buscan el porvenir, en ese momento me sentí afortunada porque no debía caminar, llevando más esperanza que equipaje.

A pesar de lo que viví, me desprendí de ello e inicie mi nuevo paso, fueron 4700 km por tierra, cerrando mi historia en la frontera, respirando el aire del nuevo lugar donde espero hacer realidad mis sueños y las añoranzas de quienes con un abrazo sellaron mi destino.

-          Destino y Comienzo

Inicio mi camino después de un largo viaje de 15 días por cuatro fronteras, donde compartir con muchas personas. Una experiencia de esas que te pueden contar pero que tienen un sabor único al vivirlas, así me sentí. Estaba llena de energía, renovada.

Sencillamente, no fue sencillo llegar a aquí y me siento contenta por todas las lecciones sin ellas no tendría el enfoque ahora tengo.

A mi llegada me reuní con unos amigos, sin duda este viaje tiene sus semillas que fueron pioneras, superaron el miedo que me freno por 3 años. Al ver el cuarto sentí alivio, desplomándome en la cama, la mente escapó en un sueño profundo, porque los temores pasajeros quedaban en rumores, confronte mis demonios y ahora debo traspasar más allá de ellos.

Comencé mi transitar enfrentado las calles desconocidas, rindiendo el dinero, con un plazo de tiempo corto, colocando mis esperanzas en 100 puertas, cada uno con miradas en contraste. Cada día esperanzada y confiada en iniciar el nuevo camino en mi vida.

Al mismo tiempo, si pudiera resumir cada uno de los capítulos de, diría simplemente que la vida es la construcción eterna de momentos, es el espacio donde cada uno siembra una semilla y espera cosechar los mejores triunfos. En principio está llena de obstáculos, sin embargo Dios no envió victimas a la tierra, nos trajo a este mundo para forjar uno mejor.

Las decisiones tienden a pesarnos, los sentimientos tienden a dominarnos.

Sostenida en ese principio, me levanto cada día a trabajar, tomo mi foto favorita, ese ultimo abrazo en una imagen eterna con mi madre y encuentro la fuerza que la cultura, el clima, la ignorancia y el miedo intenten arrebatarme.

En retrospectiva, agradezco a la vida por esta inmensa oportunidad, por los espacios, aquellos que considere enemigos, por los amigos que tomaron un camino más corto y por aquellos en los cuales puedo refugiarme a una llamada de distancia.

No les niego que la nostalgia pesa, los momentos de llanto están allí, pero soy una valiente, porto el tricolor en lo más profundo de mi esencia. Me lleno de alegría por las lecciones, dejando en estas páginas los sentimientos más allá de la cruda realidad que todos vivimos, no seré egoísta.

No quiero cargar culpas, jamás víctima, pues mi consigna es la lucha hasta el final.
Estos primeros seis meses me han llenado de alegría, sintiéndome autentica, única y llena de simpatía. Por otro lado, me rompen el corazón las noticias, los cambios, haciendo las noches son cortas, saliendo de la comodidad de mi hogar. Aprendiendo a ser mujer, no una niña consentida.
Por último, cierro este capítulo donde no deseaba exponer las consecuencias, los problemas, sino las impresiones de una venezolana que sueña, vive y que tiene mucho por hacer y por crear.



“Si inicias el viaje de tu vida, asegúrate de no dejar a un lado la esperanza, jamás dejarte dominar por los miedos ajenos, siendo fiel a tu consciencia y orígenes. Sin permitir que las identidades sean aquello que llevas puesto, sino los valores, principios que te separan de la mayoría.
El estudio y la constancia son la clave del éxito, porque quien espere más de la vida sin entregar el alma por ello está condenado al fracaso y el olvido”

Se despide una venezolana orgullosa como tú.

Dios bendiga a Venezuela ahora y siempre.

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