Dirijo esta carta a ti mi hermano, quien vives momentos tan cruentas e incompresibles de nuestra historia, donde se ha hecho más difícil soportar los embates diarios de las circunstancias y los desafíos impuestos por muchos actores ajenos a tu sentir.
Estos tiempos, sin duda ponen en juicio la confianza, se sembró la discordia en muchos y la distancia es latente.
En esta realidad, nos cuesta pensar en el futuro, vemos hacia el pasado buscando esa imagen que nos brinde paz y sosiego, sin embargo los anhelos al pasado y cuestionamientos vagos , ciegos fueron las causas mayores de una oscuridad sinfín.
Por eso te pido que no habites odio o resentimiento, al final todo se tornara contra ti, perforando tu alma y evitando que veas lo posible. Dios impondrá su justicia.
Quizás lo que te pido sea difícil; considerando el ritmo del juego actual. Envian tantos mensajes que tú inconsciente no pueda procesar. Cuando en realidad existe un único pensamiento que debe hacerse eco en cada uno de nosotros, incluso en el silencio de la noche.
Un mensaje que vale la vida de muchos y que mueve los corazones hasta el final de su existencia. Es una expresión que debe disfrazarse pero que jamás podrá acallarse.
Dios nos habla en este momento, nos presenta un mensaje claro, en el cual debemos retomar la Fe en él. La Fe en si es difícil de explicar y de sustentar en el tiempo, siempre está en desafío; cambiando a mayor ritmo que los latidos de nuestros corazones, pero es tan extensa como el universo, a pesar de ello debemos tomar la decisión de sonreír, inclusive cuando al levantar la mirada contemplas un caos constante.
Actualmente el mundo está sintiendo nuestra presencia; muchos nos movemos, llevando en nuestras espaldas un sueño que parece pequeño tanto que entra en una maleta, pero extenso como el alma, temiendo a la muerte, impulsados por el deseo de un mañana mejor. Sin lugar a dudas se llora al partir, pero el mayor dolor es cuando la distancia te pesa, porque dejas atrás la maravillosa tierra que te vio nacer.
Sin lugar a dudas Dios nos pide que tengamos Esperanza, hemos presenciado sus muestras de amor en estos tiempos, decretando abundancia no solo en recursos naturales, sino en corazón.
Nuestro hermoso Rio Orinoco ha crecido a la par de este pueblo caliente y alegría en el alma, no faltara el alimento, sin importar las intenciones del que se aproveche del momento. La abundancia no se sujeta al yugo del hombre, es potestad de Dios.
Resistimos un Terremoto de una escala superior jamás vista en la historia y ni una víctima, nos quedó la angustia pasajero y la reflexión de quien debe continuar construyendo entre escombros. Gracias a Dios crecimos y aprendemos.
Cuando estamos en el exterior nos preguntan de dónde somos y decimos que Somos Venezolanos con orgullo, porque al decir con orgullo demostramos que solo amamos la patria, no una causa ajena.
Amamos la tierra, el calor, la brisa, el mar y la calma. Nos conocen por la arepas y se animan por nuestro ritmo, las expresiones se hacen graciosas en las conversaciones, porque el Venezolano habla del corazón.
Por eso te digo hermano que no bajes la mirada, la Esperanza, no está atadas al hilo del tiempo, se convierte en un motor único que la dará a Venezuela ese deseo que tanto se anhela. Recordando que Dios es justicia y quien obra con justicia recibe gloria.
Es tiempo de crecer, orar y leer, aprender de los aciertos y errores. Tomar la historia como un maestro y no como una causa injusta que azota el sentir.
“Recordar no es vivir, amar es vivir, sentir y reconocer que a pesar de las circunstancias las experiencias nos transportan hacia un nuevo rumbo, todo dependerá de cómo asumas las decisiones, sin someterse".
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